Eurodad logo
Eurodad logo

El G20 le pide demasiado al FMI

30 January 2009

Mientras los analistas difieren en torno a un cambio a la geopolítica mundial y acerca de si las economías emergentes pueden llegar a convertirse en las vencedoras a largo plazo de esta crisis, el FMI aparece como el claro vencedor a corto plazo. Aparentemente muerto luego de su desdeñable intervención en el corolario de la crisis asiática, el FMI vuelve más fuerte que nunca, con el potencial de un enfoque político ligeramente modificado. Varias reuniones cumbres en el año 2009 habrán de considerar cómo reformar al Fondo y qué nuevos roles podría estar asumiendo.

 

El 15 de noviembre de 2008, los líderes del G20 en Washington evitaron en su mayoría hacer cualquier referencia a soluciones específicas para la crisis financiera o asumir compromisos concretos. La excepción fue con respecto al FMI. Mencionado más de una docena de veces en un comunicado de 3.000 palabras, y haciendo referencia velada a revisiones institucionales permanentes de sus instrumentos crediticios – “debería también continuar revisando y adaptando sus instrumentos crediticios para satisfacer adecuadamente las necesidades de sus miembros así como revisar su papel como prestador a la luz de la actual crisis financiera” – resulta claro que el FMI está en el ojo de la tormenta.

Los líderes mundiales, no obstante, podrían estar pidiéndole demasiado al FMI. Lo están exhortando a:

  • sacar lecciones de la crisis actual;
  • potenciar una regulación acertada de los mercados financieros;
  • identificar vulnerabilidades, anticipar potenciales tensiones, y actuar rápidamente para desempeñar un papel importante en respuesta a la crisis;
  • llevar a cabo revisiones vigorosas e imparciales de todos los países;
  • suministrar asesoramiento en políticas macro-financieras;
  • proporcionar programas para la creación de capacidades en economías de mercados emergentes y países en desarrollo;
  • ayudar a las economías emergentes y en desarrollo a obtener acceso al financiamiento en las difíciles condiciones financieras actuales.


Pedir demasiado podría llevar a obtener muy poco. Resulta crucial desatar un amplio debate en torno a lo que el FMI debería y no debería hacer como regulador del sistema financiero mundial; como policía macroeconómico global; como prestador de asesoramiento en materia de políticas; y como prestamista de último recurso. Huelga decir que este debate debería alimentarse con el historial del FMI en estas áreas – el cual es menos que óptimo de acuerdo con la mayoría de las ONG y analistas independientes.

Los países de bajo ingreso se encuentran en su mayoría afectados por el papel del FMI en materia crediticia y de asesoramiento, dado que en los últimos años – y luego de que numerosos países asiáticos y latinoamericanos quedaran libres de los préstamos del FMI – han sido los países más dependientes del financiamiento del FMI y de su rol indicador. Las cosas ahora podrían estar cambiando aceleradamente dado que un número cada vez mayor de países del Norte – tales como Islandia, Hungría, o Latvia – están recurriendo al FMI al encontrarse secos de recursos como resultado de la crisis financiera.

Agrandar al FMI no es lo correcto

“El FMI no cuenta con un marco adecuado para manejar las suspensiones de pago masivas que fácilmente podrían acompañar una enorme oleada de préstamos, y mucho menos con la voluntad política para distinguir entre los países que enfrentan verdaderos problemas de liquidez a corto plazo y los países que están en realidad enfrentando problemas de insolvencia”. Esto es al parecer lo que piensa Kenneth Rogoff, ex alto funcionario del FMI, a la luz de los crecientes préstamos otorgados por el FMI a países afectados por la crisis financiera.

De acuerdo con sus propias fuentes, el pasado mes de octubre el FMI contaba con US$200 millones disponibles para préstamos de emergencia al tercer mundo, y con otros US$50 millones en “recursos adicionales”. Pero la liquidez del FMI está menguando rápidamente. Entre los servicios financieros frente a la crisis – acuerdos stand-by – que se cerraron con Ucrania, Hungría, Serbia, Islandia, Pakistán y Latvia; los nuevos préstamos como los Servicios para Shocks Exógenos otorgados a Malawi y la República Kirguisa; los incrementos al Servicio para el Crecimiento y la Lucha contra la Pobreza (PRGF en inglés) acordados en el 2008 con los países pobres golpeados por la crisis energética y alimentaria; y el esperado aluvión de nuevas solicitudes de préstamos; el FMI tendría que estar quedándose sin dinero para el primer trimestre de este año. Incluso Irlanda, según rumores de los que se hizo eco el Financial Times la semana pasada, podría estar ingresando en una zona de riesgo que lo podría estar impulsando a recurrir al FMI.

Sin embargo, las restricciones presupuestarias no son la única razón por la que el FMI no debería agrandarse. A pesar de la retórica en contrario, el FMI continúa ligando a sus préstamos casi las mismas antiguas condiciones que le dieron un mal nombre luego de la crisis financiera asiática. Si bien el FMI afirma haber racionalizado las condiciones ligadas al recientemente reformado Servicio para Shocks Exógenos (SSE o ESF en inglés) y al recién creado Servicio de Liquidez a Corto Plazo (SLC o SLF en inglés), las ONG consideran que las modificaciones aprobadas en la segunda mitad del año pasado no son suficientes para que el SSE resulte adecuado a las circunstancias. El Fondo también afirma haber flexibilizado las condiciones para los incrementos al Servicio para el Crecimiento y la Lucha contra la Pobreza en respuesta a la crisis energética y alimentaria; no obstante, recientes investigaciones de Eurodad y el Centro de Información Bancaria (BIC en inglés) – “Quick fixes or real solutions? World Bank and IMF responses to the food and fuel crisis” – sostuvieron que en el 2008 el FMI continuó exigiendo a los países de bajo ingreso el cumplimiento de estrictas metas monetarias y fiscales. Las señales de escasa flexibilidad en algunos casos no exhiben un cambio estructural en actitud.

¿Tomando un rumbo keynesiano?

Con respecto al asesoramiento político, y después de muchos años de asesoramiento en materia de políticas neoliberales ortodoxas, el FMI parece haberse convertido en keynesiano. En el documento “Tasks Ahead” para el 2009 del consejero económico del FMI, Olivier Blanchart, el Fondo deja entrever la necesidad de un estímulo fiscal global, concentrado en el gasto y en recortes impositivos dirigidos. Aunque parezca mentira, el FMI publicó en su propio sitio web a fines de diciembre de 2008 un artículo titulado “Laissez-faire states are Keynesian now: how refreshing!” (que prodría traducirse como “Los estados partidarios del laissez-faire son ahora keynesianos: ¡qué refrescante!”).

Lamentablemente, el renovado keynesianismo en el FMI corre el riesgo de replicar, una vez más, la conocida doble moral que tanto las IFI como los gobiernos del Norte han venido aplicando desde hace tiempo a la política económica. “La política monetaria del FMI tiene explícitamente un doble mensaje: uno para los países avanzados y de mediano ingreso y otro para los países de bajo ingreso”, señala el informe de Eurodad y el Centro de Información Bancaria. Por otra parte, es improbable que los países de bajo ingreso cuenten con el espacio fiscal necesario para responder a la crisis con el tipo de paquetes de gran estímulo fiscal que los países ricos están aprobando estos días. A pesar de algunos cambios positivos en la postura política del FMI, como el nuevo apoyo a redes de seguridad social dirigidas a proteger a los más vulnerables, el Fondo no parece estar otorgando mucha mayor flexibilidad de la que solía proporcionar en materia de política fiscal. “El umbral del Fondo para un nivel peligroso de déficit fiscal es cuando el déficit nacional alcanza el 1% del PBI”, según reveló la investigación de Eurodad anteriormente mencionada. Esto contrasta absolutamente con el déficit fiscal de hasta un 6% en que algunos países europeos van a estar incurriendo en el 2009.

El giro keynesiano del FMI podría ser, entonces, más aparente que real. Teniendo en cuenta el historial del FMI en lo referente a otorgar un asesoramiento político que ha producido más daño que beneficios en los países de bajo ingreso, debería predominar la cautela antes de intentar potenciar el papel del Fondo en materia de asesoramiento. El asesoramiento a países de bajo ingreso debería ser de carácter plural y basarse en evidencia más que en ideología, lo cual implicaría obviamente diversificar el asesoramiento político en lugar de centralizarlo en una única institución, la cual podría además confrontar un conflicto de intereses ya que también desempeña el rol de prestamista.

De esta forma, solo podemos pedirle al G20 que sea cauteloso al redactar sus propuestas de reforma a la arquitectura financiera internacional, las cuales habrán de presentarse en marzo. Agrandar el papel del Fondo en materia crediticia, de asesoramiento – y probablemente regulatoria – no sería lo correcto teniendo en cuenta el deficiente historial de la institución, su limitada competencia en lo que respecta a países de bajo ingreso, sus limitaciones presupuestarias y de personal, y su aun muy escasa legitimidad.

Información relacionada: